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Cuando la violencia entra al aula: lo que no estamos viendo.

En la foto Una escuela de Mendoza donde se estableció un protocolo preventivo que restringe el ingreso con mochilas y refuerza los controles para garantizar la seguridad de la comunidad educativa.

Nota por Marcela Campagnoli ( medio La Nación) replicada en Córdoba Noticia.

La violencia escolar no irrumpe de golpe: se gesta en silencios, señales ignoradas y vínculos rotos; prevenir exige dejar de llegar tarde y asumir, de una vez, que el cuidado también se enseña.

Los episodios recientes en escuelas –amenazas, agresiones, situaciones límite– ya no pueden ser leídos como hechos aislados. Son señales. Y lo más preocupante no es que ocurran, sino que nuestra mirada lleguen tarde.

La violencia no empieza cuando un arma aparece en una mochila. Empieza mucho antes. Empieza en un alumno que cambia, que se aísla, que no encuentra sentido en su vida, y que nadie registra.

Empieza en vínculos deteriorados, en el bullying naturalizado, en el silencio de los adultos que no tienen herramientas para intervenir.

Y empieza en una sociedad que sobreestimula, pero no contiene. Hoy los jóvenes están expuestos a más estímulos que nunca -pantallas, redes, consumo-, pero con menos herramientas para procesarlos. Y cuando no hay palabra, aparece la conducta. A veces en forma de violencia.

Frente a esto, la respuesta habitual -más seguridad, más control- es necesaria, pero claramente insuficiente. Si llegamos a ese punto, es porque ya fallamos antes.

La discusión de fondo es otra: qué estamos haciendo, como sistema educativo, como familias y como Estado, para detectar a tiempo lo que les está pasando a nuestros jóvenes.

Hoy los jóvenes están expuestos a más estímulos que nunca -pantallas, redes, consumo-, pero con menos herramientas para procesarlos


No puede haber aprendizaje donde hay sufrimiento no abordado. Y no puede haber prevención si no hay decisión política. Necesitamos pasar de la reacción a la anticipación.

Esto implica asumir, sin eufemismos, que la salud mental también debe ser una prioridad dentro de la escuela. Y ordenar responsabilidades.

La pregunta no es solo cómo evitamos el próximo episodio. La pregunta es qué estamos haciendo, o dejando de hacer, para que un chico llegue a ese punto.