
El cardenal Pizzaballa y el Custodio de Tierra Santa, monseñor Francesco Ielpo, fueron interceptados en el camino a la iglesia y se les impidió entrar. La policía israelí justificó la medida argumentando que todos los lugares sagrados de la Ciudad Vieja de Jerusalén están cerrados a los fieles para salvaguardar la seguridad pública .
La decisión generó una fuerte condena internacional, con países como Italia, Francia y España expresando su preocupación y apoyo al cardenal Pizzaballa. El presidente de Israel, Isaac Herzog, llamó al cardenal para expresarle su pesar por el incidente, mientras que el primer ministro, Benjamín Netanyahu, aseguró que no hubo mala intención en la medida.
El Patriarcado Latino de Jerusalén y la Custodia de Tierra Santa expresaron su «profundo pesar» por la imposibilidad de celebrar la misa en uno de los días más sagrados del calendario cristiano.
