
Les dieron la pena máxima, Yesica del Carmen Aquino (36) y Roberto Carlos Fernández (31) por ensañamiento y alevosía para su mamá y su padrastro.
«León tuvo un sufrimiento totalmente innecesario hasta su muerte» expresó la fiscal María de los Ángeles Attarian Mena, era violentado y torturado sistemáticamente, al igual que sus otros hermanos. La aguja con la que murió, la dejaban en su cuna a modo de castigo, se encontraba oxidada, era de 2,5 centímetros y estaba clavada en la zona lumbar, esto hizo que le atravesara la piel y se puso en un músculo, así se provocó una infección generalizada. Leon falleció de un cuadro séptico por la aguja, que se encontraba alojada en su organismo desde hacía un tiempo producida una hemorragia.
El peor de los calvarios ( detalló Clarin, cita directa ) En el requerimiento de elevación a juicio, que hizo la fiscal Gabriela Mateos, de la UFyJ N° 3 de Berazategui, se reseña el martirio sufrido por el bebé, sobre todo de parte de su padrastro, lo cual también fue confirmado por las hermanas de la imputada.
Le daban golpizas a mano abierta o con palos.
Lo mordían en el cuello (las marcas eran compatibles con las arcadas dentarias de su mamá), en las manos y en otras partes del cuerpo.
Lo bañaban y, en pleno invierno, lo dejaban desnudo, al lado de la ventana, al viento, para que se congelara.
Le hacían caminos de pan en la cuna para que se llenara de hormigas negras y lo mordieran.
Le ponían pimienta en la leche de la mamadera o le escupían flema en su interior.
Le tapaban la cara con las almohadas cuando lloraba, hasta casi ahogarlo.
Le tiraban agua helada.
Le clavaban alfileres en el paladar y agujas en los pies.
Le daban huesos de pollo para que le astillaran la garganta.
Lo ahogaban en una palangana.
Le pellizcaban las orejas, que le quedaban coloradas.
Cuando se lanzó a caminar, lo obligaban a subir y bajar descalzo en una escalera llena de piedras.
